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Agroecología e investigación participativa fortalecen la producción de alimentos en Colón Génova

Agroecología e investigación participativa fortalecen la producción de alimentos en Colón Génova
  • Familias campesinas, estudiantes e investigadores trabajan conjuntamente en el corregimiento de Villa nueva del Municipio de Colón Génova, Nariño, para recuperar la diversidad productiva de los predios, fortalecer la alimentación familiar y evaluar alternativas agroecológicas construidas a partir de los recursos y conocimientos del territorio.

 

Pasto, Nariño. Septiembre 17 de 2026. En Colón Génova, al norte de Nariño, el café ocupa un lugar central en la economía campesina. Con un promedio de 1.749 familias productoras y un área aproximada de 2.099 hectáreas, es el cultivo de mayor representatividad del municipio, seguido por la caña panelera, el plátano, banano y frutales. Esta vocación agrícola se desarrolla en un territorio predominantemente rural, donde buena parte de la economía y de la vida cotidiana continúa vinculada al campo.

Desde la década de 1980, numerosas familias comenzaron a reemplazar parte de sus huertas por cultivos comerciales. Con ello, alimentos que anteriormente se obtenían directamente en los predios comenzaron a depender en mayor medida de la compra en mercados locales. A esta situación se suman preocupaciones expresadas por los participantes frente a la disminución de la biodiversidad y algunos problemas ambientales y fitosanitarios asociados a sistemas productivos menos diversificados. Elementos que ratificados en la aplicación del Instrumento Predial para la Transición Agroecológica (IPPTA), el cual fue aplicado a los participantes.

Frente a este escenario surgió una pregunta aparentemente sencilla, pero con importantes implicaciones para el territorio: ¿cómo recuperar la producción diversificada de alimentos dentro de los predios?

 

La finca como espacio de investigación

Entre 2025 para la primera fase y 2026 para la segunda fase, el Departamento de Producción Intensiva Sostenible e investigadores del Centro de Investigación y Transferencia de Tecnología Obonuco de AGROSAVIA, mediante el Plan Nacional de Agroecología – PlanA, estableció alianzas con la Asociación de Trabajadores y Productores Campesinos Agroecológicos del Mayo, instituciones educativas y la administración municipal para desarrollar un proceso de investigación participativa orientado a explorar alternativas agroecológicas adaptadas a las condiciones de Colón Génova.

El trabajo comenzó con un diagnóstico participativo mediante el IPPTA, acompañado de ejercicios para reconocer las características de la alimentación local y las especies vegetales presentes o con potencial de aprovechamiento en el territorio. Esta información permitió identificar, junto con las familias, fortalezas de cada finca y aspectos susceptibles de mejoramiento.

A diferencia de un esquema en el que las tecnologías llegan previamente definidas al territorio, el enfoque participativo permitió convertir problemas y conocimientos cotidianos de las familias en preguntas de investigación. Productores e investigadores definieron y evaluaron conjuntamente alternativas relacionadas con huertas, bioinsumos, aprovechamiento de residuos de cosecha, alimentación animal y diversificación productiva.

 

Huertas para recuperar diversidad y alimentos

Una de las principales estrategias fue el establecimiento de huertas agroecológicas en los predios vinculados. Su diseño y distribución fueron definidos por los propios productores y llegaron a integrar hasta 32 especies hortícolas, acompañadas por seguimiento y evaluación técnica del equipo de AGROSAVIA.

La propuesta buscó que un espacio relativamente pequeño pudiera cumplir varias funciones simultáneamente: producir alimentos para el hogar, recuperar diversidad vegetal, fortalecer conocimientos locales y generar excedentes con potencial económico.

A este componente vegetal se incorporaron gallinas criollas ponedoras, con el propósito de complementar la disponibilidad de proteína de origen animal para las familias. El componente pecuario abrió, a su vez, nuevas preguntas de investigación relacionadas con los recursos disponibles localmente para la alimentación de las aves.

En particular, prácticas empleadas por las mujeres rurales para suministrar diferentes forrajes a las gallinas fueron consideradas como una fuente de conocimiento para identificar y estudiar especies vegetales locales con potencial alimenticio. De esta manera, una práctica cotidiana se convirtió también en objeto de observación y evaluación.

 

De residuo del café a recurso para producir alimentos

La alta importancia de la caficultura llevó también a preguntarse qué hacer con materiales generados durante su producción y procesamiento. Uno de ellos es la pulpa de café.

El proyecto fortaleció una biofábrica como espacio de experimentación, aprendizaje y producción de insumos. Allí se trabajó en alternativas como abonos orgánicos elaborados a partir de pulpa de café y otros materiales disponibles localmente, así como en la elaboración y evaluación de quelatos destinados a la nutrición de las huertas.

Los productos obtenidos fueron objeto de evaluaciones fisicoquímicas, microbiológicas y agronómicas. También se estudiaron abonos derivados de la pulpa de café combinada con diferentes fuentes orgánicas, entre ellas estiércol bovino, estiércol de cuy y mezclas de ambos materiales.

Estos ejercicios permiten conectar dos tipos de conocimiento: por una parte, la experiencia acumulada por las familias campesinas en el aprovechamiento de materiales disponibles en sus fincas y, por otra, herramientas científicas que permiten caracterizar los productos y generar información para mejorar su utilización.

 

Cuando el aula se traslada a la huerta

El proceso de investigación también involucró a niños, jóvenes y docentes. La articulación con instituciones educativas permitió que la agroecología se convirtiera en una oportunidad para aprender ciencias a partir de situaciones reales del territorio.

En la Institución Educativa Nuestra Señora del Rosario se estableció un huerto escolar en el que estudiantes, docentes e investigadores evaluaron abonos orgánicos derivados de subproductos del café para la producción de hortalizas. En la Institución Educativa Divino Niño, los encuentros con jóvenes abordaron el cuidado del suelo y el funcionamiento de una biofábrica como alternativa para comprender procesos relacionados con la biología y la química.

Así, medir el crecimiento de una planta, observar organismos del suelo, comparar tratamientos o analizar un abono dejan de ser únicamente contenidos de una asignatura y se convierten en experiencias vinculadas directamente con el entorno de los estudiantes.

Esta participación de las instituciones educativas tiene además una dimensión intergeneracional: busca que los conocimientos construidos con productores e investigadores puedan circular entre familias, estudiantes y nuevas generaciones.

 

Ciencia construida con el territorio

Los primeros resultados muestran que las huertas tienen potencial para contribuir a la alimentación familiar y, en determinados casos, generar excedentes. Pero uno de los aspectos destacados del proceso ha sido la dinámica de intercambio entre participantes y familias: semillas, alimentos, experiencias y conocimientos comenzaron a circular alrededor de las acciones implementadas.

La experiencia de Colón Génova plantea así una manera diferente de entender la investigación agropecuaria. El predio no es únicamente el lugar donde se valida una tecnología y el productor no es solamente quien la recibe. Ambos forman parte del proceso de generación de conocimiento.

En este enfoque, una huerta puede convertirse en un laboratorio a escala predial; el uso de residuos vegetales, como materia prima para investigar nuevos abonos; una práctica campesina de alimentación animal, en una pregunta científica; y el huerto escolar, en un espacio donde niños y jóvenes aprenden a investigar los problemas de su propio territorio.

La experiencia desarrollada busca que estas acciones no permanezcan como intervenciones aisladas. El propósito de largo plazo es fortalecer capacidades locales para recuperar agrobiodiversidad, mejorar la seguridad y soberanía alimentaria y avanzar hacia sistemas productivos con mayor capacidad de adaptación, integrando producción, cultura y territorio mediante el diálogo entre conocimiento campesino y conocimiento científico. el Banco de Germoplasma para la Alimentación y la Agricultura.

Esta visita hace parte de un proceso participativo liderado por AGROSAVIA junto con tres comunidades rurales de Colombia. Su propósito es construir de manera conjunta herramientas, orientaciones e insumos adaptados a las dinámicas y necesidades de cada territorio, que contribuyan a un acceso más efectivo, sostenible y pertinente a los recursos genéticos conservados en el Banco.

El encuentro se llevó a cabo en la Maloca del Cabildo Inga, espacio de encuentro, diálogo y transmisión de conocimientos de la comunidad. Allí se desarrolló el taller presencial «Viaje a la Semilla», una estrategia pedagógica que forma parte de la caja de herramientas del Programa de Conservación Integrada de la Agrobiodiversidad de AGROSAVIA.

“El propósito del taller -Viaje a la Semilla- es propiciar el diálogo entre dos sistemas de conocimiento: el conocimiento tradicional indígena y el conocimiento técnico. A partir de este intercambio buscamos fortalecer las capacidades locales para la conservación, el manejo y el uso de las semillas, reconociendo el papel fundamental de las casas comunitarias de semillas”, destacaron representantes del equipo de investigación.

Durante la jornada, investigadores, sabedores y miembros de la comunidad intercambiaron conocimientos alrededor de aspectos fundamentales de la fisiología, anatomía y biología de las semillas. Este diálogo permitió analizar colectivamente el estado de las semillas nativas conservadas por la comunidad e identificar oportunidades para fortalecer sus prácticas de manejo, conservación y almacenamiento en las casas comunitarias de semillas y agrobiodiversidad.

El ejercicio también permitió continuar identificando, desde la perspectiva de la comunidad Inga, necesidades, capacidades y condiciones que deben ser consideradas para facilitar la relación entre los sistemas comunitarios de conservación y el Banco de Germoplasma para la Alimentación y la Agricultura.

Con estos espacios de construcción conjunta en territorio, AGROSAVIA avanza en el propósito de acercar el Banco de Germoplasma a las comunidades y fortalecer la articulación entre la conservación in situ y ex situ, reconociendo los conocimientos, prácticas y sistemas locales que han contribuido históricamente a conservar la agrobiodiversidad del país.

 

Este proceso busca que los recursos genéticos conservados no solo permanezcan disponibles en las colecciones, sino que puedan ser conocidos, utilizados y aprovechados por las comunidades, contribuyendo a la conservación, el uso sostenible y la valoración de la agrobiodiversidad en los territorios.

  • Más información:
  • Mónica Milena Burbano
  • Profesional de Comunicaciones, Identidad y Relaciones Corporativas
  • Centro de Investigación y Transferencia de Tecnología Obonuco
  • Oficina Asesora de Comunicaciones, Identidad y Relaciones Corporativas
  • mmburbano@agrosavia.co
  • AGROSAVIA