- Una investigación de AGROSAVIA desarrollada en laboratorio e invernadero identificó microorganismos capaces de reducir el marchitamiento causado por Fusarium. El hallazgo abre una ruta para buscar alternativas que disminuyan el uso de productos químicos en cultivos de banano y plátano, aunque todavía deberá comprobarse en campo y en fincas de productores.
Mosquera, Cundinamarca. Septiembre 1 de 2026. El marchitamiento causado por Fusarium avanzó con menor intensidad en plantas de banano tratadas con bacterias ácido-lácticas. Este fue el principal resultado de una investigación que exploró el uso de microorganismos benéficos frente a dos graves amenazas fitosanitarias de las musáceas: Fusarium y Ralstonia, esta última causante del moko.
Ambos patógenos pueden provocar la pérdida de plantas y generar consecuencias económicas para los agricultores. El problema cobra especial importancia en Colombia, donde el banano ocupa un lugar relevante entre las frutas de exportación, mientras que el plátano forma parte de la alimentación cotidiana de millones de hogares.
El estudio surgió de la necesidad de encontrar opciones de manejo que reduzcan la dependencia de productos químicos que pueden afectar el ambiente y la salud de quienes los aplican. Las bacterias ácido-lácticas se convirtieron en candidatas porque ya habían mostrado resultados favorables frente a enfermedades en cultivos como uchuva y tomate.
“Queríamos buscar alternativas de manejo mediante biocontroladores. Las bacterias ácido-lácticas habían mostrado un buen comportamiento en otros sistemas productivos y necesitábamos saber si podían actuar frente a los patógenos que afectan al banano y al plátano”, explicó el equipo investigador del Centro de Investigación y Transferencia de Tecnología Tibaitatá.
Del Banco de Germoplasma al invernadero
La investigación comenzó con una preselección de bacterias ácido-lácticas conservadas en un Banco de Germoplasma de Microorganismos. En el laboratorio, los investigadores enfrentaron distintas cepas con los patógenos para identificar cuáles podían frenar su crecimiento.
Las bacterias que mostraron capacidad inhibitoria pasaron a una segunda etapa: las pruebas en plantas de banano bajo condiciones de invernadero. El propósito era comprobar si el efecto observado en una caja de laboratorio se mantenía cuando entraban en juego la planta, el patógeno y el posible biocontrolador.
Los resultados frente a Fusarium fueron alentadores. En las plantas tratadas con bacterias ácido-lácticas, la enfermedad avanzó significativamente menos que en aquellas que no recibieron el tratamiento. Esto indica que los microorganismos evaluados podrían convertirse en una herramienta complementaria para el manejo del marchitamiento.
El hallazgo aún no equivale a una solución disponible para los productores. Antes será necesario establecer cómo se comportan las bacterias fuera del invernadero, qué dosis se requiere, con qué frecuencia deben aplicarse y cómo responden ante las condiciones variables de una finca.
El laboratorio no siempre predice lo que pasa en una planta
Las pruebas con Ralstonia dejaron una enseñanza distinta. Las bacterias ácido-lácticas lograron inhibir al microorganismo causante del moko en el laboratorio, pero ese efecto no se repitió cuando fueron evaluadas en plantas.
La diferencia muestra por qué un resultado favorable in vitro debe comprobarse en organismos vivos. En el laboratorio se observa el enfrentamiento directo entre dos microorganismos; en una planta intervienen sus defensas, los tejidos, las condiciones ambientales y numerosas interacciones biológicas que pueden modificar la respuesta. “Comprobamos que puede existir un efecto biocontrolador in vitro, pero la interacción cambia cuando la planta está involucrada. Por eso, los ensayos no pueden quedarse en el laboratorio: deben avanzar hacia pruebas en plantas”, señaló el equipo.
Lejos de ser un resultado fallido, esta respuesta ayuda a descartar conclusiones prematuras y orienta la búsqueda de cepas que funcionen en condiciones más cercanas a las que enfrentan los agricultores.
Una investigación dirigida a dos cultivos clave
El estudio se realizó en el marco del proyecto FONTAGRO de Musáceas ATN/RF-18761-RG (1002280) y de los convenios 10 de 2021 y 11 de 2022 con el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), derivados del Convenio 021 de 2018.
La investigación centró su atención en banano y plátano por su importancia alimentaria y económica. Las enfermedades causadas por Fusarium y Ralstonia obligan a aplicar medidas estrictas de manejo y, en determinados casos, a erradicar plantas afectadas para evitar la dispersión de los patógenos.
El uso futuro de bacterias con capacidad de control biológico podría reducir algunas aplicaciones químicas, disminuir la exposición de los trabajadores y limitar la contaminación del suelo y el agua. También podría ayudar a contener las pérdidas, siempre que su eficacia se confirme fuera del invernadero.
La prueba decisiva será en campo
La siguiente etapa contempla evaluaciones en condiciones semicontroladas de campo. Si los resultados se mantienen, las bacterias serán probadas posteriormente en predios de agricultores.
Ese paso será determinante. En una finca, los microorganismos deberán actuar bajo cambios de temperatura, lluvias, características del suelo y prácticas de manejo que no pueden reproducirse por completo en el laboratorio.
El reto consiste ahora en comprobar si la reducción de la enfermedad observada en el invernadero puede repetirse a escala productiva. Solo entonces será posible determinar si estas bacterias ácido-lácticas pueden integrarse al manejo de Fusarium y ofrecer a los productores de banano y plátano una alternativa eficaz para proteger sus cultivos con menos productos químicos.
- Más información:
- María Elena Londoño Rubio
- Profesional de Comunicaciones, Identidad y Relaciones Corporativas
- Centro de Investigación y Transferencia de Tecnología Tibaitatá - CIMPA
- Oficina Asesora de Comunicaciones, Identidad y Relaciones Corporativas
- melondono@agrosavia.co
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