- La jornada de campo convoco a más de 50 personas entre productores vinculados a COMOGAN, estudiantes de la Universidad de la Amazonia, extensionistas, aprendices SENA y representantes de entidades como el ICA, Finagro y Banco Agrario.
Florencia, Caquetá. Julio 27 de 2026. En el declive del piedemonte caqueteño, donde el paisaje se desgrana en sabanas y altiplanos, entre los municipios de Milán y La Montañita, se vislumbra la Vereda La Pradera. Allí, como un destello entre la espesura, la finca El Jordán no se presenta como una simple propiedad, sino como un umbral: un punto de encuentro entre la memoria del arreo y la sabiduría de la tierra viva. En ese rincón, el pasto no solo alimenta, sino que dialoga; el suelo no solo sostiene, sino que propone; y el animal transita como eslabón de un pacto silencioso con el porvenir. Quienes cruzan su portón encuentran la calidez de Fabián Eduardo Vargas Marín y Sandra Milena García Penna, anfitriones que entienden el campo como un tejido de afectos: su bienvenida es una sonrisa honesta, su saludo, una mano firme, y su palabra, el eco de una certeza compartida: que cultivar la tierra es, antes que nada, cultivar vínculos.
Fue precisamente en este rincón del Caquetá donde la Corporación colombiana de investigación agropecuaria - AGROSAVIA, de la mano del Ministerio de Agricultura, decidió plantar una semilla de conocimiento. Bajo el nombre de -Vinculación de tecnologías que contribuyen al desarrollo bioeconómico del sistema productivo de Ganadería Sostenible-, la jornada no fue un simple taller, sino un encuentro de saberes, un diálogo entre la ciencia y la experiencia viva del campesino. El grupo de investigación de la Sede Florencia Costayaco transformó la finca en un aula abierta, donde el aprendizaje no se dicta desde un atril, sino que brota de la observación, la práctica y la palabra compartida.
El propósito era profundo: no se trataba solo de enseñar técnicas, sino de tejer capacidades. De mostrar que la ganadería en Caquetá puede ser un motor de vida si se articula con los principios de la bioeconomía, la agroforestería y la agroecología. Por eso, la jornada se diseñó como un recorrido vivo por dos estaciones que condensaban el espíritu de la transformación:
En la primera, el manejo integral del ternero, los asistentes exploraron el uso de bioinsumos - probadores de la naturaleza, como los probióticos - que potencian el desarrollo animal desde sus primeros días. No era solo un tema técnico; era una reflexión sobre cómo innovar sin romper el equilibrio, cómo nutrir la vida con lo que la misma tierra ofrece.
En este espacio de encuentro, el Rumitec fue presentado como un aliado de la vida: un probiótico construido con bacterias benéficas que transforma la nutrición del ternero desde sus primeros días. No solo mejora la absorción de nutrientes y fortalece el desarrollo ruminal, sino que actúa como un equilibrador natural de la flora intestinal, allanando el paso del ternero hacia su etapa rumiante con mayor eficiencia y vitalidad. Es tecnología que imita a la naturaleza, y que convierte el rendimiento productivo en una consecuencia del bienestar, no en una meta impuesta.
En la segunda estación, dedicada al manejo sostenible del sistema ganadero, se desplegó un abanico de herramientas concretas: desde sistemas integrados de producción hasta metodologías para declarar reservas naturales de la sociedad civil. Cada explicación era una invitación a repensar el paisaje, a ver en cada árbol, en cada sombra de bosque, una oportunidad para la conservación y el ingreso familiar.
Pero el verdadero logro de AGROSAVIA no fue únicamente tecnológico, sino humano. Al articular fuerzas con la Mesa Regional de Ganadería Sostenible, Uniamazonía, Vecol y Coomogan, AGROSVIA logró que productores, técnicos, promotores rurales y estudiantes no solo escucharan, sino que participaran, que dudaran, que propusieran. Fue un espacio de co-creación donde la innovación dejó de ser una palabra abstracta para volverse práctica compartida.
Allí, en El Jordán, quedó claro que la bioeconomía no es un concepto lejano: es la apuesta por darle valor a la biodiversidad, por generar empleo local, por construir cadenas productivas que respiren al ritmo del bosque. Es entender que la Amazonia no es un obstáculo, sino un aliado. Y que la ganadería del futuro no compite con la selva: la integra.
Al caer la tarde, cuando los participantes recorrían los potreros con la mirada renovada, se respiraba una certeza compartida: la sostenibilidad no es un destino, sino un camino que se construye colectivamente. Y gracias al trabajo articulado de AGROSAVIA y los actores del territorio, ese camino ya tiene una huella clara, marcada en la tierra fértil de Caquetá.
- Más información:
- José Dario Ule Rodriguez
- Profesional de Comunicaciones, Identidad y Relaciones Corporativas
- Sede Amazonía
- Oficina Asesora de Comunicaciones, Identidad y Relaciones Corporativas
- jule@agrosavia.co
- AGROSAVIA