- La iniciativa plantea la co-construcción de modelos agroecológicos a escala territorial, promoviendo un diálogo intercultural de saberes donde confluyan los conocimientos de las comunidades locales, el sector productivo e institucionalidad.
- El proyecto llega como un proceso de acompañamiento para quienes guardan en su historia y en su territorio las cicatrices del pasado, pensando especialmente en las nuevas generaciones.
Florencia, Caquetá. Abril 30 de 2026. En el sur de Colombia, donde la esperanza comenzó abriéndose paso entre recuerdos difíciles, se encuentra Belén de los Andaquíes, Caquetá. Allí, entre la neblina de la memoria, las heridas aún están presentes. Las veredas La Mono y Puerto Torres fueron testigos de tiempos inhumanos: la ausencia de quienes ya no están, el dolor de quienes tuvieron que irse y la huella profunda, que todo eso dejó en sus comunidades, poco a poco se desvanece. Porque ninguna herida logra apagar la decisión de regresar, de reconstruir, de seguir siendo. En cada semilla y cada regreso, como la naturaleza que vuelve a brotar, esos territorios renacieron. No para vivir en el pasado, sino para cultivar futuro sobre las bases de lo que un día fue dolor. Hoy, con las manos en la tierra y la memoria como guía, transforman espacios de temor en paisajes de encuentro y trabajo. Porque la tierra, cuando se nombra y se trabaja en comunidad, deja de ser un campo marcado por la desconfianza y vuelve a ser hogar para quienes luchan día a día, y son ellos los jóvenes del campo, los protagonistas.
En este territorio reverdecido por el albor de un mejor amanecer, como un rayo de luz en la penumbra, llegó la Corporación colombiana de investigación agropecuaria – AGROSAVIA, en alianza con el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, y su estrategia Misión: Jóvenes al Campo, que ha encontrado en las escuelas rurales el semillero del cambio. Ya se han reactivado más de 130 proyectos pedagógicos productivos (PPP) en 87 Instituciones Educativas Rurales, distribuidas en 27 departamentos. En estos espacios donde el campesino y el indígena construyen el Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria, también florece una promesa: que la tecnología no aleja a los jóvenes de la tierra, sino que los aferre a ella con instrumentos que transforman.
Esta vez, en la Institución Educativa Rural (IER) Portal La Mono, del municipio de Belen de los Andaquíes, ocurrió una transformación silenciosa pero profunda. Allí, la adecuación de espacios de formación orientados hacia la agroecología y la innovación productiva se ha convertido en una herramienta tangible para reparar el tejido social, anclar a los jóvenes a su tierra y transformar el campo en un lugar de paz, dignidad y porvenir. Pero lo más valioso es cómo se definió el rumbo: de manera concertada. Estudiantes, docentes, padres de familia y representantes del sector productivo de la región construyeron juntos el énfasis que tendrá el Programa Misión: Jóvenes al Campo en esta escuela. Así, la decisión no llegó desde fuera, sino que brotó del corazón mismo del territorio.
La comunidad recibió la propuesta como quien recibe una semilla en tierra fértil: con el instinto de que algo bueno va a brotar. Investigadores de la Oficina Sede Florencia - Costayaco, a través de un diálogo de ida y vuelta, definieron los sistemas productivos a impulsar: pollos de engorde, gallinas ponedoras, cerdos y piscicultura. Todos ellos alimentados con insumos propios y sostenibles de la región, fortaleciendo así, tanto los espacios pedagógicos como la seguridad y soberanía alimentaria del territorio. Aquí no se trata de calcar recetas de afuera, sino de construir modelos agroempresariales propios, adaptados a la tierra, a sus tiempos y a su gente; modelos que nazcan del intercambio de saberes y que puedan ser sembrados en otras veredas. Porque esto es, ante todo, ciencia con sudor, tecnología con ternura.
El programa ha aprendido a caminar en territorios complejos: montañosos, dispersos y sociales. Está en los Núcleos de Reforma Rural Integral, en las zonas APPAS, en los municipios PDET, entre el Pacífico y los Andes. Su cobertura crece como un río que busca cada escuela, cada joven, cada oportunidad de quedarse.
El modelo de intervención, Misión Jóvenes al Campo que se consolida, es descentralizado y territorial. No dicta desde arriba: brota desde adentro. Y se enfoca hacia un modelo pedagógico agroecológico participativo con enfoque territorial y de aprendizaje experiencial. Ya no ven el campo como un destino del que hay que huir, sino como un laboratorio vivo donde la ciencia los necesita y la tierra los espera.
AGROSAVIA, en su rol de dinamizador territorial, ejecuta las acciones del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural orientadas al cumplimiento de la Reforma Rural Integral, a la vez que coordina esfuerzos con el Ministerio de Educación Nacional, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y otros integrantes del SNIA.
Hoy, este programa busca consolidar un modelo de formación agroecológica descentralizado, con raíces profundas en el territorio. No impone, propone; no olvida, integra. Así, las juventudes rurales dejan de ser promesas fugaces para convertirse en arquitectas de territorios resilientes, sostenibles y con alma. La ciencia y la tecnología, bien sembradas, no arrancan raíces: las multiplican.
- Más información:
- José Dario Ule Rodriguez
- Profesional de Comunicaciones, Identidad y Relaciones Corporativas
- Sede Florencia
- Oficina Asesora de Comunicaciones, Identidad y Relaciones Corporativas
- jule@agrosavia.co
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