- Una investigación de AGROSAVIA identificó que los residuos generados en la producción de tomate bajo cubierta tienen el potencial de convertirse en nuevos bioproductos, servicios y modelos de negocio que impulsen la bioeconomía, reduzcan el impacto ambiental y fortalezcan la rentabilidad de los productores en Boyacá y Cundinamarca.
Tunja, Boyacá. Agosto 13 de 2026. Cada ciclo de producción de tomate deja tras de sí toneladas de tallos, hojas, frutos de descarte, semillas y otros residuos que, en la mayoría de los casos, terminan descomponiéndose en el campo o siendo eliminados sin generar ningún beneficio. Paradójicamente, ese material que hoy se considera un desecho podría convertirse en una oportunidad para diversificar los ingresos de los productores y avanzar hacia una agricultura más sostenible.
Ese es uno de los principales hallazgos de una investigación liderada por AGROSAVIA, que analizó el potencial bioeconómico de los sistemas de producción de tomate bajo cubierta en el Alto Ricaurte (Boyacá) y el oriente de Cundinamarca, dos de las principales regiones productoras del país.
El estudio concluye que estos residuos pueden convertirse en la base de nuevos bionegocios capaces de generar valor económico, reducir la contaminación y promover modelos de producción más circulares, donde los subproductos del cultivo se transforman en nuevos insumos y oportunidades para el sector agrícola.
Del residuo al coproducto
En Colombia, el cultivo de tomate bajo cubierta ha experimentado un crecimiento sostenido gracias a que alcanza rendimientos hasta tres veces superiores a los obtenidos a cielo abierto. Sin embargo, este incremento en la productividad también ha significado una mayor generación de residuos, incluidos los vegetales, de los cuales actualmente se aprovecha menos del cinco por ciento.
Para el investigador Máster Víctor Camilo Pulido, de la sede Tunja, adscrita al Centro de Investigación y Transferencia de Tecnología Tibaitatá de AGROSAVIA, el desafío consiste en cambiar la forma en que se entienden estos materiales.
"Más que residuos, debemos verlos como coproductos con potencial para convertirse en nuevos bienes y servicios. Bajo el enfoque de la bioeconomía, estos materiales pueden transformarse en oportunidades de negocio que complementen la producción tradicional de tomate y contribuyan a mejorar los ingresos de las familias rurales", explica.
Este cambio de enfoque también representa una alternativa para disminuir los costos asociados a la disposición de residuos y reducir los impactos ambientales derivados de su acumulación y descomposición.
Cada territorio tiene oportunidades diferentes
La investigación evaluó el potencial bioeconómico de ambas regiones mediante una herramienta metodológica del IICA de Costa Rica, con la cual se analizó aspectos relacionados con infraestructura, mercado, capacidades locales, innovación y condiciones territoriales.
Los resultados muestran que Boyacá posee un alto potencial para desarrollar bionegocios asociados a los bioservicios culturales y el agroecoturismo, aprovechando el interés de los visitantes por conocer los sistemas de producción bajo cubierta como parte de experiencias de turismo rural, acoplado a los sistemas turísticos que ya posee la región.
En contraste, el oriente de Cundinamarca reúne condiciones favorables para impulsar procesos de transformación agroindustrial de la biomasa residual, gracias a su cercanía con Bogotá, su infraestructura y su capacidad de innovación. Estas características permitirían desarrollar nuevos productos de base biológica a partir de los residuos del cultivo, generando encadenamientos productivos con mayor valor agregado.
Lejos de competir entre sí, ambas regiones podrían complementarse para consolidar una cadena de valor alrededor del aprovechamiento de la biomasa proveniente del cultivo de tomate.
Nuevos negocios para una agricultura circular
El estudio identifica múltiples oportunidades para transformar los residuos del tomate en productos con valor comercial. Tomates de descarte, tallos, semillas, pieles y pulpa podrían convertirse en materia prima para la elaboración de biofertilizantes, bioinsecticidas, bioles y otros bioproductos, mediante biorrefinerías adaptadas a las condiciones del entorno rural, tal como demuestran experiencias exitosas en tomate en otras partes del mundo.
Muchos productores ya elaboran algunos de estos insumos de manera artesanal para disminuir los costos de fertilización y manejo sanitario. La investigación plantea que este conocimiento puede fortalecerse mediante modelos de bioeconomía circular que permitan escalar estas iniciativas y convertirlas en nuevas fuentes de ingresos, con la conjunción de la academia, las entidades de apoyo de sistema nacional agropecuario, y la empresa privada.
Además de generar nuevas oportunidades productivas, el aprovechamiento de estos materiales reduce la dependencia de insumos de síntesis química, disminuye la contaminación de los suelos y las fuentes hídricas y contribuye a una menor huella de carbono de la actividad agrícola.
La investigación también señala el camino para hacer realidad estos bionegocios
Aunque el potencial existe, el estudio advierte que aún persisten desafíos para convertir estas oportunidades en una realidad para los productores. Entre ellos sobresalen la necesidad de fortalecer la asociatividad para consolidar volúmenes suficientes de biomasa, facilitar el acceso a líneas de financiación adaptadas a este tipo de iniciativas y desarrollar mercados que demanden los nuevos bioproductos antes de escalar su producción.
En este contexto, AGROSAVIA desempeña un papel estratégico al transformar el conocimiento científico en soluciones aplicables para el sector agropecuario. A través de la transferencia de tecnologías como las biorrefinerías rurales de bajo costo y de modelos de gestión basados en la bioeconomía y la economía circular, la Corporación promueve alternativas que facilitan la apropiación de la innovación por parte de los productores, trayendo metodologías de vanguardia al país. En ese sentido, AGROSAVIA continuará articulando esfuerzos con productores, la academia, las instituciones y otros actores del sector para impulsar tecnologías e iniciativas que contribuyan a una agricultura más innovadora, competitiva y comprometida con el desarrollo sostenible de los territorios.
El estudio detallado puede ser leído aquí: https://www.revistas.una.ac.cr/index.php/ambientales/article/view/20889
- Más información:
- María Elena Londoño Rubio
- Profesional de Comunicaciones, Identidad y Relaciones Corporativas
- Centro de Investigación y Transferencia de Tecnología Tibaitatá - CIMPA
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